“Clínicas de deshomosexualización”, el terror impune de Ecuador

Marcha del Orgullo LGBTI en Quito

Las llaman “clínicas del terror”. Según las denuncias, en ellas se practican torturas físicas y psicológicas tales como insultos, humillaciones, mala alimentación, golpes, descargas eléctricas e incluso “violaciones correctivas”. El objetivo: “curar” al presunto paciente, es decir, a la víctima. “Curar” su homosexualidad o transexualidad. Cueste lo que cueste.

La semana pasada, el ministro de Sanidad alemán, Jens Spahn, anunció su intención de prohibir las llamadas “terapias de conversión” en Alemania este mismo año. “La homosexualidad no es una enfermedad, y por lo tanto no necesita terapia”, dijo el conservador Spahn, abiertamente gay. Sus planes cuentan con un amplio apoyo en el Parlamento alemán.

Sin embargo, el panorama no es optimista en otras partes del mundo. “Es un tema poco explorado, que ha sido denunciado sobre todo en Ecuador, pero que también ocurre en otros lugares de América Latina”, dice a DW Mauricio Albarracín, investigador colombiano. La naturaleza de estas prácticas, no obstante, hace que no existan datos al respecto, más allá de testimonios anecdóticos. Una suerte de secreto -terrible- a voces.

Es en Ecuador donde las denuncias han cobrado más fuerza y, pese al conservadurismo social, los activistas a favor de los derechos de la comunidad LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales) han logrado ir desenmascarando todo un sistema.

El primer caso de estas “clínicas de deshomosexualización” documentado en suelo ecuatoriano data del año 2000. Desde entonces, las historias han ido saliendo a la luz a cuentagotas, aunque algunas revolvieron a la sociedad: en 2008, Paola Concha Zirith fue secuestrada y trasladada en una “clínica” cerca de Quito, donde la violaron para intentar cambiar su orientación sexual. El de Jonathan Vasconez en 2010 fue otro de los casos que causaron revuelo social. Con 23 años, fue internado por mediación de su familia. Estuvo más de un año encerrado. Su caso llegó a los tribunales, pero fue finalmente sobreseído.

Brasilien Proteste gegen Konversionstherapie (Getty Images/AFP/N. Almeida)

Brasil es otro de los países latinoamericanos donde el activismo LGBTI se ha movilizado contra estas “terapias de conversión”

El investigador Albarracín explica que “normalmente estas ‘terapias de conversión’ están camufladas con otro tipo de terapias contra lo que se considera como personas antisociales; por ejemplo, en centros para atender la drogodependencia”. A menudo, estos centros están gestionados por grupos evangélicos, que aplican su “moral higienista”. Paralelamente, también hay registros de centros que operan en la más absoluta clandestinidad.

Falta de compromiso de los poderes públicos

Diane Rodríguez, presidenta de la Federación Ecuatoriana de Asociaciones LGBTI, afirma que en 2013 las investigaciones del Ministerio de Salud Pública ecuatoriano recogían la existencia de 268 de estas “clínicas”. Sin embargo, critica, “toda esa información se perdió con el cambio de gobierno”.

El actual presidente, Lenín Moreno, asumió el cargo en mayo de 2017. Silueta X, asociación de la que también es directora adjunta de Rodríguez, solicitó los datos al nuevo Ministerio. La respuesta, afirma esta activista, fue que “se encuentran perdidos”.

DW intentó ponerse en contacto con las carteras de Salud Pública y de Justicia del Ejecutivo ecuatoriano, pero no obtuvo respuesta.

En enero de 2016, el Comité contra la Tortura de la ONU manifestó su preocupación “por las denuncias de internamiento forzoso y malos tratos” a personas LGBTI en esos centros. El CAT, por sus siglas en inglés, llamó la atención sobre el hecho de que ninguno de los procesos iniciados por la Fiscalía ecuatoriana “hayan concluido en condena”.

La impunidad es, de hecho, una de las grandes preocupaciones de los activistas. “Es complicado finalizar un proceso legal”, subraya Rodríguez, que señala, entre otros factores, la complicidad de los familiares y las presiones que sufren las víctimas. De las decenas de casos que han sido registrados en los últimos años, solo uno terminó en condena: el de Zulema Constante en 2013. Esta joven de Guayaquil tenía entonces 22 años cuando, tras escapar del rechazo familiar a su condición de lesbiana, fue internada contra su voluntad durante 21 días en la “Comunidad Terapéutica Femenina Esperanza”. El responsable fue condenado a pagar 6 dólares y pasar diez días en prisión.

“El Gobierno actual no hace mayor énfasis en este asunto”, afirma Rodríguez, quien critica el “giro ultraderechista” de la administración, en un contexto de “ola de ultraconservadurismo” que a su juicio sufre el país. “Nos atrevemos a decir que ha aumentado la cantidad de centros”, aventura. Pero sin mayor implicación institucional, los activistas están solos contra un sistema clandestino.Ver el video26:06

Fuerza Latina – Amada: La niña que luchó por su identidad

Progresos y retrocesos en diversidad sexual y de género

Paradójicamente, el auge evangélico en el Ecuador, una tendencia compartida con otros muchos países latinoamericanos, coincide con ciertos avances en materia de derechos humanos de las personas LGBTI. El miércoles pasado (12.06.2019), la Corte Constitucional aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Rodríguez reconoce que los propios activistas se sorprendieron del fallo. Pero llama a no bajar la guardia: “Estuvimos a un solo voto de que el matrimonio igualitario no fuera reconocido”. En el mismo sentido, el investigador Albarracín recuerda que los avances legales e institucionales en derechos LGBTI en algunas partes de Latinoamérica coinciden con el crecimiento “galopante” de la influencia evangélica “en ámbitos a su alcance, como puede ser la esfera política, o en instituciones creadas por ellos mismos, como clínicas, centros de enseñanza, emisoras, etcétera”.

“La idea de curar la homosexualidad no se refiere únicamente a un supuesto tratamiento médico, sino que es todo un pliego cultural para eliminar esta orientación sexual”, prosigue Albarracín. “El auge de los evangélicos en toda la región seguramente tendrá un efecto sobre la realidad de estos centros”.

Silueta X conmemoro junto a niños Navidad y Fin de año

La Asociación Silueta X en alianza con ICW Ecuador y Fundación Niñez y Adolescencia Trans, realizó por 8vo año consecutivo el agasajo navideño y despedida de fin de año, con la finalidad de atender a los niños y niñas con enfermedades catastróficas e incurables. La actividad fue desarrollada en el Club de Leones de Guayaquil y contó con la participación de más de 80 niños y niñas. Hubieron presentaciones artísticas dirigidas por niños y niñas, Animacion por parte de Transmasculinos y Transfeministas, concursos y bailes. Silueta X, es una organización LGBT que lleva años trabajando no solo en sus temas propios sino en la niñez LGBT, trans y con enfermedades catastróficas. El evento contó con la presencia de Diane Rodríguez, directora de Silueta X y de Alexandra Villavicencio presidenta de ICW Ecuador, quienes amenizaron el evento. Donaciones de alimentos, juguetes, dulces, piñatas entre otras fueron repartidos en el evento.

Niñas, niños y adolescentes trans, un derecho

Conocí a su mamá en una cafetería, ahí nos empezó a contar la historia de su hija, una niña que sufría acoso escolar y que la escuela poco o nada quería hacer al respecto. Poco a poco su mamá me fue explicando y me fue contando cómo es que su pequeña hija –en ese momento de seis años–, que había sido registrada como varón a partir de sus órganos sexuales, se reconocía como lo que verdaderamente era, una niña. Es decir, una niña trans.

Hoy me quiero ocupar de cómo un padre y una madre amorosos deciden andar un camino junto con su hija. Primero pensaron que era un niño gay. Sin embargo, sabían en su fuero interno  que había  algo más, así que no se detuvieron en una respuesta rápida.  Iniciaron un recorrido largo, pasando por docentes, pediatras, y por miles de páginas de internet.  Hasta que por fin llegaron al lugar correcto y  recibieron todas las respuestas qué buscaban. Qué significaba ser una persona trans y cómo era  importante contar  con el apoyo de su mamá y de su papá.

A partir de ahí, ellos iniciaron uno de los caminos, sin duda, más importantes que alguna pareja de padres ha hecho en este país y fue no sólo luchar por que a su hija se le reconociera en su acta de nacimiento su género femenino, sino, además, compartir sus experiencias con otros padres y  madres que estaban enfrentando esas mismas realidades y que no contaban con las herramientas que ellos ahora tenían. Gracias a ellos conocí, desde ser una niña trans, una de las facetas más hermosas de cualquier ser humano, la infancia.

Con esta familia  tuve la gran oportunidad de acercarme al gran movimiento de las familias trans en México y de Estados Unidos, conocer y reconocer toda la información que es necesaria para entender lo que se debe hacer y lo que no se debe de hacer, así como cuál es el acompañamiento legal, familiar y social que se debe brindar.

Recuerdo cómo a sus siete años obtuvo su acta de nacimiento con su reconocimiento femenino y cómo con orgullo  mostraba sus documentos y destruía  los que no la identifican.

Les comparto esta maravillosa historia porque quiero hacer un llamado al Congreso de la Ciudad de México y decirles, que urge ¡ya! que así como está el trámite de reconocimiento de género a través de un procedimiento en el registro civil a las personas a partir de los 18 años, lo mismo debe de suceder con nuestras niñas, niños y adolescentes.  Ellos y ellas no tienen por qué tener un trato diferenciado y no deben sufrir la imposición de  un género con el cual no se identifican, ya que también tienen derecho a la construcción de su personalidad.

Si logramos avanzar en  el registro civil con este reconocimiento, estoy segura de que los índices de discriminación bajarán para las personas trans, pues ya no tendrán que hacer estos procedimientos legales, de rol de género, físicos y/o hormonales a edad adulta, con los trances que conlleva no solo sociales, sino de salud.

Todas las personas trans remiten a su infancia y adolescencia como el momento definitorio del reconocimiento de su identidad de género.  Por eso, estoy segura de que cuando se respeta y se ejerce, lo que logramos es tener al paso de los años, jóvenes y adultos totalmente insertados en la sociedad, libres de prejuicios y estigmas.

Dicho de otra manera, reconocer a tiempo el género de las personas, es lo que toca hacer como gobierno, como familias y como sociedad respetuosa de la identidad de la otredad.

Jacqueline L’Hoist Tapia (Ciudad de México) es licenciada en Seguridad Pública, cuenta con diversas especialidades en Derechos Humanos y en Teología de la Liberación, así como en Violencia y Paz y Desigualdades en América Latina y el Caribe. En la Ciudad de México se destacó por su participación de manera activa en la elaboración del Diagnóstico y Programa de Derechos Humanos para el D.F. Fue designada por el jefe de Gobierno como fundadora y presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), 2011–2018, consolidando a éste como el primero en su género a nivel estatal.

Fuente: Desastre MX, Niñez Trans

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